jueves, 7 de julio de 2011

La sonrisa de la amapola

La rosa la miró de arriba abajo con evidente desprecio y le preguntó:
-¿Que tú eres una flor?
-¡Sí!- dijo la amapola en tono firme.
-¡Vaya! Ahora llaman flor a cualquier cosa flacucha, peluda y salvaje...- ironizó la rosa.
Y prosiguió:
- ¿Tienes idea de cuántos poetas me han cantado, de cuántos pintores me han retratado?
¿No sabes que soy el símbolo de la belleza y del amor?
-Puede que seas todo eso que dices, pero yo soy libre, nacida en el campo entre las caricias del trigo
 y la cebada, alumbrada por el sol y regada por las lluvias de mayo.
No he nacido en un invernadero, no tengo espinas y antes de convertirme en un objeto de adorno
en parques y centros de mesa prefiero morir.
Dicho esto, la amapola desplegó su mejor sonrisa y cerró los ojos para sentir la suave brisa de primavera
en sus rojos pétalos. 

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